Las manecillas
- Ángeles Nava

- 31 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 ene
Esa tarde, las manecillas giraron descontroladas, justo en ese punto del espacio donde ya nada era igual, ni el lugar ni el saludo ni el horario ni las palabras ni el aire ni la apariencia de nuestras miradas y nuestros cuerpos. Sin embargo, todo embonó en el presente como ayer. Mis pasos me dictaron la realidad al ritmo lento del latido de mi corazón (de eso me convenció un doctor hace muchos años en un hospital público, un día que vomité sudor de juventud).
Me fui de ese lugar saboreando el nuevo elixir y aunque no todos los cambios son peligrosos, una sucesión de olas en el mar de las permutas puede infundir miedo ¡Los cambios a mi alrededor todavía no cesan y me balanceo con cada ola!
Tengo la sensación de caminar por el filo del techo como en mi niñez, de jugar con el peligro de la cotidianidad a pesar de los gritos de: “te vas a caer” y confiar en mi equilibrio perfecto. Quizás estoy tan segura porque ayer soñé con las secuoyas, significan sabiduría, fortaleza, resiliencia, crecimiento espiritual y personal. A la vez, mi subconsciente sabe todo lo bueno de mí y de seguro se manifestó a través de mi sueño para darme tranquilidad.
Al final llegué a casa como si tuviera una piedra pequeña en el zapato y resolví el vértigo del pasado con un delicioso plato de Corn Flakes. Aunque el origen de este alimento es industrial y está rodeado del descrédito, en ese momento solucionó en mí una urgencia: el hambre derivada de la punta de una masa de hielo en donde habitaba mi desilusión.
Es curioso saber que, incluso lo insustancial puede modificar lo medular. Puedo decir: Corn Flakes o maíz, azúcar, extracto de malta y sal. O puedo decir: carbohidratos, proteínas, grasas, fibra, vitaminas. O puedo decir: carbono, nitrógeno, sodio y, de todas maneras, en cada cucharada, podré encontrar el polvo del universo y su capacidad para sanarme. Un simple Corn Flakes puede estar hecho de estrellas, estrellas que iluminaron mi día oscuro y brillaron a pesar de los cambios.
Esa tarde las manecillas giraron descontroladas, el tiempo pasa y uno a veces no comprende porque no vuelve igual. Lo bueno de la vida es que existen los sueños, que son más inteligentes que uno y, los deliciosos Corn Flakes, donde se pueden encontrar las estrellas. ¡Ah! Y otra cosa: nunca, pero nunca, nunca dejen a sus hijos caminar por el filo del techo.

Ángeles Nava

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