Dale a tu cuerpo lo que necesita
- Ángeles Nava

- 6 ene
- 3 Min. de lectura

Atravieso la noche silenciosa por las banquetas arenosas de la cuadra. A lo lejos, el susurro de las calles, los coches y sus luces van escribiendo mis cavilaciones en un ordenador invisible. Cuando las teclas se afinan voy pensando en por qué hago esto de caminar a donde no tengo ganas de ir. Mañana sí, hoy no, digo, y hoy nunca es el día, pero siempre debo hacerlo.
Mis pies se niegan a caminar como si hubieran dejado su último ímpetu allá en mi habitación, pero voy empujándolos poco a poco. Abro el cierre de la cangurera rosa para encontrar los tickets que me dan el pase gratis al gimnasio, Los palpo. Están doblados y en desorden, los cuento, avanzo un poco más y abro la puerta corrediza y transparente. Un montón de adornos navideños me reciben, la muchacha rubia del mostrador y el ambiente de Año nuevo se respira.
Aplano el botón de la máquina de acceso tubular, me da la flecha verde y me voy cerca del aire acondicionado porque sudo a mares. Me subo a la caminadora, le doy iniciar y cuando llego al minuto 16 he gastado 50 calorías. Los indicadores presumen ser ciertos y voy a imaginar que sí, no importa si nunca lo sabré con exactitud. Pero mi desgano sigue allí habitando en la sombra de mi noche. Por eso no es bueno abandonar las rutinas, tu cerebro bosteza cuando dejas al garete tu organización y los buenos hábitos.
Volteo para arriba, mis ojos piden ayuda y el televisor es como una lámpara fantástica que me distrae mientras el cuerpo quiere escapar. Los videos comienzan a rescatarme de ese reflejo absurdo, como absurdo es el video que miro. Pienso en qué dirían los youtuberos expertos en el tema de la masculinidad sobre los nuevos talentos musicales con dos aretes grandes y un piercing en la nariz. Sólo observo, no hago otra cosa aparte de mover mis piernas, más bien debo distraerme para no sufrir con las manecillas del tiempo, para no huir como un rayo de luz que se desliza por el ruido del mundo fitness.
Es el minuto 24, he gastado 77 calorías, mi cerebro se transforma con la segregación de endorfinas. Empiezo a sentir divertida esta actividad, todo mi cuerpo paladea un banquete de oxígeno en este preciso momento y debe de estar delicioso porque siento el impulso de aumentar la intensidad, pero me freno. Recuerdo cuando daba dos horas de clase de ejercicio todos los días (a veces más) y a menudo elogiaban mi buen carácter, disposición y ánimo; y siempre lo atribuían a que me ejercitaba. A veces no nos damos cuenta de lo positivo en uno mismo porque es tan rutinario, como si cantáramos una canción que ya no escuchamos, pero los demás sí.
Estoy en el minuto 29, he gastado 94 calorías, me empiezo a sentir poderosa, llena de energía ¿Cuál cansancio? ¡Cuál apatía? ¡No existen! Los clips de los cantantes con aretes no me gustan ¿Quién me obliga a mirar? Nadie, sólo yo. Y ellos ignoran la utilidad de sus videos en mi azarosa mirada, al menos por ahora.
Minuto 40, he gastado 152 calorías. La canción dice algo así como “dale a tu cuerpo lo que necesita”. De verdad no sé, no entiendo, cómo pueden ser ídolos musicales.
Minuto 50 y ya prefiero no saber cuántas calorías, veo 5 km/h y bajo la potencia, poco a poco, hasta parar. Hago estiramientos y uso dos o tres máquinas más por aquello de evitar la sarcopenia, voy al baño a lavarme las manos, tomo agua y me voy toda empoderada. Llego a casa cantando todas las canciones de Spotify mientras la cena, mientras el regaderazo.
Ha empezado a llover fuerte y yo escribo esto que he vivido un montón de veces como si fuera la primera vez que lo experimento. Entonces decido inmortalizarlo en un blog de notas para que sea una verdad memorable, una especie de incentivo o promesa para otra época o algo motivante capaz de impulsar a otros, aunque sea por curiosidad. Traigo pegada en la sien la canción esa de “dale a tu cuerpo lo que necesita” y digo para mí: “¿Existe algo mejor que un banquete de oxígeno o un ritual de endorfinas?”. Pienso en lo simple que es la vida cuando haces ejercicio y me siento plena y satisfecha. Fresca después de la ducha y satisfecha por mi licuado de vegetales, me dispongo a dormir como un bebé.
Ángeles Nava
.png)




Comentarios