Piedra pensante
- Ángeles Nava

- hace 5 días
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Estos quince días de tomar antibiótico y cerca de veinte días sin hacer ejercicio me han vuelto una tortuga, voy por los espacios como si cargara el mundo y me deslizara sutilmente por el tiempo. Por suerte, aprendí algo de esa piedra pensante: a tejer la paciencia al ritmo de quien confía en la sabiduría de los procesos que debemos vivir.
Hoy me quedé con la sensación luminosa de haber tocado la razón de una amiga muy querida que se encuentra en una isla lejana de otro continente. Lo mío siempre fueron los consejos, ignoro porque nunca abrí las puertas de la psicología, es muy tarde para preguntármelo. Ya sé. No me lo digan. Considero que es una profesión que honra el espíritu humano y se ejerce con el corazón.
¿Y qué tiene que ver la tortuga, la paciencia y el consejo que le di a mi amiga de Chipre? En que la tortuga observa, no se precipita; la paciencia confía en el ritmo; y un buen consejo nace del tiempo que te tomas para comprender. Una verdad se acomoda en un lugar que lo necesita y la tortuga va dejando una huella en un camino donde solo había pesimismo o desesperación. A veces, es grato ser una tortuga.

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