El eco de una letra
- Ángeles Nava

- 9 ago
- 1 min de lectura
Escuchaba canciones de Luis Miguel en Spotify mientras ordenaba un cajón lleno de ropa. Cuando oí: “Necesito olvidar para poder vivir, no quisiera pensar que todo lo perdí…” Todo era simple y cotidiano, hasta que la canción se abrió a unas líneas que no pude resistir y mis ojos se rompieron en pedazos: “siempre recordaré aquellos ojos verdes que guardan el color que los trigales tienen”. A veintisiete años de su partida ciertas canciones me vuelven a quebrar el alma. No sé por qué los padres tienen ese poder tan silencioso para mover los sentimientos en los instantes menos esperados del día. No es que se les quiera más que a la mamá; es que el amor hacia ellos tiene otra textura, otro ángulo del corazón. O quizá sea porque él tenía la costumbre de dejar que la música llenara la casa y la música trae de nuevo lo que la memoria ha dejado en espera.
De algo sí estoy segura: en el cielo, mi mamá no está celosa. Ella siempre celebró que yo amara esos ojos. Y sí, “siempre recordaré aquellos ojos verdes que guardan el color que los trigales tienen”.

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