Atravesar el dolor
- Ángeles Nava

- 21 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 ene

¿Se podrá escribir sobre lo que no aciertas a pronunciar cuando el peso de las palabras te supera? Sí. Primero se asoma la emoción, antes de racionalizar, y la intuición creativa. Después el silencio te dicta, poco a poco, las revelaciones.
Desde hace unos pocos días hay algo que no puedo terminar de nombrar, hay cierto desencanto en la atmósfera. Tiene sentido si recordamos eventos pasados, algunos hogares estuvieron inmersos bajo el agua, colonias y poblaciones cercanas. Por si fuera poco, existe todavía la amenaza de lluvia. Pero no, no hablo de eso, es como si el mismo ambiente hubiera cambiado y te alcanzara a tocar con su desesperanza, una especie de tristeza colectiva o estrés contextual. De repente el entusiasmo baja el nivel de su aguja: en los demás, en ti, en casi todos. Por ejemplo, varias personas cercanas a mí se sienten mal de la garganta, sufren depresión o empiezan a observar algo que siempre estuvo allí, pero ahora lo perciben aumentado. También, sin explicación, se deshicieron algunos de mis planes y, en resumen, algo extraño se respira en el mundo.
Las noticias tampoco ayudan, y no me refiero a las de las inundaciones, ya de por sí, bastante inquietantes. No, me refiero a las especulativas como las del objeto interestelar 3I/ATLAS, las falsedades en masa de la mujer de Torenza, los angustiosos conflictos armados en Ucrania, el combate israelí-palestino en Gaza o el reconocimiento de los comités Nobel de física y química sobre la necesidad urgente de atención en las organizaciones internacionales debido a una posible amenaza existencial a largo plazo.
Hay ciclos negativos en el mundo capaces de provocar una especie de reacción emocional en los demás. Los seres humanos parecen estar desconectados, pero eso es una falacia de altura colosal. Uno puede hacer su vida, sí, nada pasará, pero el entorno psicosocial puede volverlo pesimista de la noche a la mañana sin saber por qué. Así como un cielo gris quizás influya en su estado de ánimo, los problemas globales también pueden afectar la disposición general y ni nos daremos cuenta. El hombre es muy sensible a su entorno, siente más allá de la piel y algo vaga en el susurro de los días modernos. Son los tiempos del despertar doloroso, de ver, por ejemplo, que por siglos el mundo siguió igual, pero bastaron dos o tres décadas para provocar un caos ecológico.
En fin, me refería al contagio emocional de la raza humana, a veces, cuesta atravesar el dolor con un bolígrafo y uno no sabe ni dónde duele. Pero quizás es necesario hacerlo para descubrirse, para vislumbrar que en cualquier crisis del mundo todos seremos parte de una sacudida, que desdoblar las palabras dolorosas es evitar, de algún modo, la inundación interna

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