

Reloj de la catedral
Conté el tiempo de mil maneras para ver si desataba los nudos de las dudas en el aire, para ver si no adormecía latidos de conciencia un poco más de la cuenta. A cada número su paso iba pudriéndome las alas, castigando mi pulso desatado en mis muñecas. Finalmente salté entre minutos muertos para liberarme de la sal costera en mis entrañas.

Ángeles Nava
31 ago 20251 Min. de lectura


Puerto
Puerto de sueños. Áncora de tiempo. Morada del marinero. Rincón de mujeres con sangre solar. Costa caprichosa con marejadas de pupilas. Testigo de cuerpos con sus sombras. Horas del atardecer postrado en la palmera del flirteo. Conchas enterradas en las historias de arena sobre el agua. Bodegas llenas resolviendo el brillo de los zapatos.

Ángeles Nava
31 ago 20251 Min. de lectura


Nocturno mar
Después de cierto tiempo escuchando el murmullo de las aguas: rumor arañando mis oídos; empieza a sangrar mi piel. Decido huir cuando no sé si estoy viva o muerta, porque supone cierta fiereza, cierto dolor unido desde el caracol del oído hasta el pecho, y huyo de la mancha que grita y arde para no hipnotizarme con su ritmo, para no hundirme demasiado en los recuerdos.

Ángeles Nava
31 ago 20251 Min. de lectura


Exilio de mar
Oleajes en mi cuerpo confirman el exilio del mar. Esa parte mía se desprende, son pedazos de alma sin destino. No hay vértigo en su noche, ni sombras en su cripta. El mar conoce la línea eterna del despido.

Ángeles Nava
31 ago 20251 Min. de lectura


El Diablo
Conocí al diablo y debo admitirlo: no tiene rostro, pero puede apropiarse de alguno. Es Él y es otro. Podemos soñar con monstruos o temerle a la oscuridad, aunque Él no se encuentre cerca, pero todo dependerá de dónde ubiquemos la rosa de los vientos. La materia es lodo y barro, íntegra y corrupta, completa e inacabada, verdad y mentira, culpable y víctima; sola se nombra y sola se niega. El diablo no existe, está ahí en un campo eléctrico, fuerte, frágil, moldeable. Ceniza a

Ángeles Nava
31 ago 20251 Min. de lectura

.png)
