El Diablo
- Ángeles Nava

- 31 ago 2025
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 6 ene
Conocí al diablo y debo admitirlo: no tiene rostro, pero puede apropiarse de alguno. Es Él y es otro. Podemos soñar con monstruos o temerle a la oscuridad, aunque Él no se encuentre cerca, pero todo dependerá de dónde ubiquemos la rosa de los vientos. La materia es lodo y barro, íntegra y corrupta, completa e inacabada, verdad y mentira, culpable y víctima; sola se nombra y sola se niega. El diablo no existe, está ahí en un campo eléctrico, fuerte, frágil, moldeable. Ceniza a la vista de nuestro intangible microscopio ocular. Sombra que se acciona a la par de nuestro movimiento y se transfigura con el día y con la Noche. Es apropiado desterrarlo con el ritmo de los vocablos y del cuerpo, ahuyentarlo en cada uno de sus destellos apagados. El diablo está en la razón extraviada, la raza perdida, el género deforme, el amor contrahecho, el sufrimiento perenne, un hombre despedazado, un tormento del alma. Pero podemos advertir algo positivo en todo esto, y es precisamente que es el Diablo.


.png)




Comentarios