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Palabras que transforman

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Ángeles Nava

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Tallerista, escritora y promotora de Cultura de Paz (mediadora de lectura del programa nacional de salas de lectura).

Diseñé este espacio Nostalgia del Paraíso con el deseo de dar voz a mis alumnos del taller: "Nostalgia del paraíso", del taller: "Olas de Pleamar" al cual pertenezco y a Otras Voces del Sur.

Me defino con una gran sensibilidad y observación para la creación de textos literarios.

Me gusta encontrarme con gente que le interese la lectura, la escritura y generar conversaciones significativas.

El Diablo

Actualizado: 6 ene

Conocí al diablo y debo admitirlo: no tiene rostro, pero puede apropiarse de alguno. Es Él y es otro. Podemos soñar con monstruos o temerle a la oscuridad, aunque Él no se encuentre cerca, pero todo dependerá de dónde ubiquemos la rosa de los vientos. La materia es lodo y barro, íntegra y corrupta, completa e inacabada, verdad y mentira, culpable y víctima; sola se nombra y sola se niega. El diablo no existe, está ahí en un campo eléctrico, fuerte, frágil, moldeable. Ceniza a la vista de nuestro intangible microscopio ocular. Sombra que se acciona a la par de nuestro movimiento y se transfigura con el día y con la Noche. Es apropiado desterrarlo con el ritmo de los vocablos y del cuerpo, ahuyentarlo en cada uno de sus destellos apagados. El diablo está en la razón extraviada, la raza perdida, el género deforme, el amor contrahecho, el sufrimiento perenne, un hombre despedazado, un tormento del alma. Pero podemos advertir algo positivo en todo esto, y es precisamente que es el Diablo.



 
 
 

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