1920
- Anne Luengas

- 28 sept 2025
- 1 Min. de lectura

Hoy se casa Violeta. El suyo fue un noviazgo de ensueño. Él de buena familia; ella, de reconocido abolengo.
Ella, hermosa; él, brillante y seductor. Él, universitario de renombre; ella, diva de la ópera.
Rosita entra, le entrega un sobre. Es de Raúl. Rosita abrocha los elegantes encajes blancos mientras ella lee el mensaje. Tiembla, tropieza, aprieta labios, párpados, puños. ¿Que no vuelva a cantar? ¿Jamás? ¿Ni para arrullar a sus hijos? Tira la carta con rabia.
Rosita acomoda el velo.
Violeta oye el rumor alegre de los numerosos invitados en la planta baja. Echa una mirada incierta al espejo, endereza nuca y espalda, y lenta, hermética, solemne, sale al encuentro de la más perfecta infelicidad.

.png)




Comentarios